Artículos de Análisis Económico

EL FERIADO BANCARIO Y CONGELAMIENTO DE LOS DEPÓSITOS

Por Jaime Ruíz

Publicado el 11 de Julio del 2008

Las autoridades económicas y monetarias del país acordaron decretar el día lunes 8 de marzo de 1999 un feriado bancario. Esta situación se prolongó hasta el día viernes 12 de marzo y el lunes 15 las entidades financieras abrieron sus puertas al público luego de decretarse el congelamiento del 50% de los depósitos en cuentas corrientes y de ahorros en sucres, mientras que para las cuentas corrientes en dólares fue del 100%. Los depósitos a plazo en sucres y dólares fueron congelados por un año a partir de su fecha de vencimiento. Asimismo, los plazos de los créditos se extendieron por un año más a la fecha de su vencimiento.

El congelamiento de los depósitos tuvo muy serias repercusiones no solo en lo económico, sino también en lo social. Se definió un calendario para la recuperación de estos fondos que originalmente se extendía un año. Posteriormente se hicieron entregas progresivas pero el valor real de esos recursos en sucres había sido licuado por la devaluación de la moneda.

Así tenemos que la tasa de crecimiento del ingreso per cápita promedio anual de los últimos 20 años previos a la dolarización (1980 – 1999) es negativa en un –0,7%, lo que significa un empobrecimiento permanente y constante, pues, si en 1980 el ingreso per cápita de los ecuatorianos era de 1.511 dólares, en 1999 había disminuido a 1.101 dólares. Además, este deterioro estuvo acompañado de profundos desequilibrios macroeconómicos, ya que, la devaluación acumulada de las dos décadas mencionadas superó el 100.000 por ciento, la inflación el 44.000 por ciento, la tasa de interés real en varios años fue del 40% (a finales de 1999 la tasa de interés efectiva anual superaba el 300%, la pobreza afectó a más del 70 por ciento de la población y la indigencia a cerca del 25%.

La crisis financiera, que evidenció sus primeros síntomas en 1996, provocó que aproximadamente el 72 por ciento de las instituciones financieras pasen a manos del Estado con un costo superior al 20 por ciento del PIB, luego de feriados bancarios y congelamiento de los depósitos (corralito). Adicionalmente, la flotación en el tipo de cambio provocó que entre enero de 1999 y enero del 2000, el sucre se devalúe por sobre el 300%, al pasar la cotización del dólar de 7.000 sucres a 25.000. En ese año las importaciones se redujeron en un 50%, la fuga de capitales superó los 1.000 millones de dólares, la Formación Bruta de Capital Fijo (la inversión real) cayó en un 35,5 por ciento, la inflación superó el 60 por ciento (no fue mayor debido a la crisis), la relación deuda externa PIB sobrepaso el 100 por ciento y el Producto Interno Bruto disminuyó como nunca había ocurrido en este país andino, - 7 por ciento en término reales, y por sobre el – 30 por ciento en dólares.

Pero si los indicadores macroeconómicos eran especialmente negativos, los sociales estaban marcados por un permanente empobrecimiento de la mayoría de la población, la cual optó por la emigración masiva. Un cálculo aproximado establece que entre 1995 y 1999 salieron a radicarse en el extranjero 500.000 ecuatorianos.

El nuevo sistema económico, no podía ser otro que el ya elegido por fuerza de las circunstancias: “la dolarización oficial de la economía”. Efectivamente, el nuevo sistema no hizo otra cosa que convalidar lo que ya existía, pues los ecuatorianos, en su gran mayoría, usaban el dólar como moneda genuina, ya que ahorran, fijaban precios y exigían pagos en dólares, debido a que la volatilidad cambiaría, la alta inflación y la continua inestabilidad habían ya dolarizado de manera informal a la casi totalidad de la economía.

El Banco Central, utilizando los instrumentos de política monetaria tradicionales, intentaba retirar liquidez de la economía a través de las operaciones de mercado abierto y el encaje bancario, sin embargo este problema de liquidez tuvo un agravante directo debido a la crisis financiera, ya que las deficiencias patrimoniales de las instituciones financieras se cubrieron con los denominados “bonos AGD” que son papeles emitidos por el entonces Ministerio de Finanzas. Esta deuda pública a largo plazo podía utilizarse en operaciones de reporto o “repos” en el Banco Central a fin de que las instituciones puedan conseguir la liquidez necesaria para su operación. Este mecanismo obligó a que el Banco Central inyecte liquidez a las instituciones financieras generando a su vez presiones inflacionarias.

Mientras el Instituto Emisor por un lado se afanaba en retirar medios de pago, las operaciones de reporto inundaban de liquidez al sistema. El incremento de la emisión de enero a diciembre de 1999 alcanzó el 152.1% debido a esta circunstancia.
El Banco Central destinaba cada vez más recursos de la reserva monetaria internacional a la oferta de divisas para, de alguna manera, sostener al precio del dólar. Este proceso se retroalimentaba a sí mismo y la situación para el Instituto Emisor se volvió insostenible.

En septiembre, el precio de la divisa ya había superado los 10 mil sucres y su trayectoria alcista era insostenible. En diciembre, el dólar superó la barrera de los 20 mil, y por momentos se aproximó peligrosamente a los 30 mil sucres. Desde agosto de 1998 hasta diciembre de 1999, el sucre había perdido su valor en aproximadamente 200%.

LA AGENCIA DE GARANTÍA DE DEPÓSITOS

El objetivo primordial de la AGD tendría que limitarse a la intervención de los bancos en crisis iniciando procesos de reestructuración que permitan su capitalización sin afectar en principio a los accionistas. En caso de que no sea posible esta capitalización, entonces la AGD estaría facultada para tomar el control y realizar castigos de pérdidas
La misión de la institución sería la de garantizar los depósitos de los clientes del sistema financiero ecuatoriano de una manera eficiente y oportuna, con la aplicación de las técnicas de solución más convenientes, que impliquen el menor costo para el Estado.

En este contexto, se planteó entonces que las acciones de la AGD, luego de la costosa intervención del Estado en el salvataje del Filanbanco, debían orientarse al monitoreo de todo el sistema financiero para proteger los intereses de los depositantes e intervenir en la administración dentro de los procesos de saneamiento y liquidación forzosa. En este sentido se deberían tener muy en cuenta ciertas características particulares del sistema financiero ecuatoriano como son la concentración de la cartera en pocos clientes, su concentración también en pocos bancos, el alto grado de morosidad y riesgo del sistema financiero, la concentración geográfica y la relación entre morosidad y zona geográfica.

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